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Bienvenida o bienvenido al que por primera vez en su vida tiene el sacro placer de estar en mi "Nostar yestando", un lugar preferido por los no ausentes presentes en algun lugar inexistente que desean hacer deshaciendo y decir callando o callando solamente. Pero algo hay que hacer.

martes, 23 de agosto de 2011

Elefantes tristes



Los acontecimientos más penosos, miserables y dolorosos; mas los buenos momentos, la gloria, lo placentero, etcétera. Suelen albergarse automáticamente entre las memorias principales del hombre. Los primeros como una utilidad de penitencia y los segundos como amortiguadores de la angustia. Todo mundo aspira a la felicidad (efímera) por supuesto, recurriendo a antiguas dulces memorias generalmente de la infancia y no cuenta con que su concepto es el más versátil del mundo, y el planeta, el más dantesco del universo, sin embargo es un escape casi gratuito que solamente cuesta la imaginación. También tenemos fábulas grandiosas en nuestras vidas que no debemos olvidar para ser mas justos y vivir mejor en una sociedad carente de principios (porque siempre somos los buenos de la película) y despiadada. Pero hay un recorrido que a nadie le gusta hacer por ser el más pantanoso, asqueroso, despreciable y lamentable del flash back en nuestra vida: Rencores, miedos, deshonra, tristeza, en síntesis dolor efectivo e innecesario el cual deseamos arrojar del tren.

¿Será posible como lo es necesario el recurso del olvido? Y si puede abrirse una cicatriz de nuevo en determinado momento ¿llegaría a matarnos? Sin embargo anhelo y temo poseer la memoria de un árbol viejo; por cada especie de pájaro que se posara entre mis ramas se sumaria una grieta a mi corazón por la partida de uno como si yo fuese dueño de sus vidas solo por darles hogar. Además las hojas caerían y se levantarían armonizadas con el tiempo que las mata lentamente, alejándolas de mí y llevándose mis suspiros ancestrales.

Sin buscar encontraría ser buscado, sin esconderme estaría perdido entre un ruidoso verde fraternal… Y si, un árbol grita por cada una de sus hojas; que desea ser otro que olvida por derecho.

Quisiéramos que olvidar consistiera en sentarnos diminutos dentro de una caja de ángulos uniformes (cuadrada) y rasgos idénticos por cada una de sus caras, entonces cambiar de esquina a nuestro antojo, sin echar de menos la anterior postura, serviría para ver las otras tres iguales sin alteración alguna. Sin embargo esta dinámica de sentido cuadrado seria tan cómoda como monótona, así que, seguramente buscaríamos alojarnos en un trapezoide. Aquí encontraríamos variaciones interesantes bajo cada perspectiva que adoptemos y caeríamos en la insufrible situación de enamorarnos de uno de sus ángulos retorcidos y siempre quisiéramos volver al anterior.

El recuerdo del dolor es una catarsis antigua para la humanidad, muchas veces como medio de emancipación, ejemplo: la conciencia nos recuerda la existencia del infierno, un castigo postergado; lugar que no conocemos pero que curiosamente podemos y/o debemos recordar para no pecar. Del otro lado esta la naturaleza quien nos recuerda de manera más fáctica e instantánea el dolor, el cual puede llevar a la destrucción de un organismo vivo. A todo esto los poetas sedentarios pueden argumentar que sin el recuerdo de lo vivido no es posible morir, es decir, muere solo quien ha vivido y tiene conciencia de ello, pero esto es subjetivo (como muchas cosas de repente lo son) pues qué decir de quien yace en estado vegetal, por consenso humanitario es de afirmar que esta vivo, ha vivido y seguirá viviendo con su ser (abstracto) sostenido por el recuerdo en la conciencia de sus allegados.

A veces nuestras memorias dependen de la conciencia colectiva de la sociedad, así nos damos cuenta de cuando fuimos bautizados y otras situaciones las cuales no pudimos almacenar en nuestros recuerdos. Pero podemos hacernos concientes también de eventos no gratos que se volverían una especie de estigma doloroso. Así el dilema de recordar o no se vuelve eterno como al parecer nuestras memorias: ¿por qué olvidar? ó ¿Por qué recordar? Si estoy viendo un filme del que conozco el desenlace será preciso olvidar, más aun, si me acompañan a verla. Suele suceder entonces que el mismo final de aquella película sea una buena-nueva experiencia y simplemente porque olvidar puede ser estrictamente cambiar de perspectiva ante lo acontecido, y es que a veces hace falta una buena razón para cambiarnos de esquina; hace falta conocer el enfoque de otro.

Pero mi persona tiene convicciones caprichosas en cuanto a este tema. No me rehúso a ser un elefante, es imposible naturalmente. Mejor trato de reflexionar del porqué recordar y no olvidarme de ello para evitar formar parte de la gran manada de elefantes tristes. Me duele el sufrimiento gratuito así que maquillo mis malos recuerdos no como lo deseado en aquel entonces, si no, como parte medular de la historia de mi vida, y es que si prevalece una memoria, buena o mala, es porque nos ha hecho lo que somos y en cada uno de esos eslabones siempre hay algo nuevo de gran utilidad para el pensamiento.

En cuanto a las cicatrices, nunca se abren para matarnos, solo son testimonio de nuestra vida errante, de la forma en que esta navega de isla en isla y de lo difícil que es adoptar un buen rumbo. Y no es necesario o vital olvidar, pero de hacerlo, lo importante es desde donde y porque lo hacemos ya que el tiempo suele ser un vago huraño en las calles y los recuerdos una fotografía que aprovechamos tomarle in fraganti.